viernes 9 diciembre 2022

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Una tele plegable, ¿es necesaria?

La compañía LG va a sacar al mercado una nueva televisión que se dobla. Hace poco tiempo que este tipo de pantallas han llegado a los teléfonos móviles y a las tabletas. Pero ¿es necesario tener una tele que podamos doblar por la mitad? ¿Va a ser verdaderamente útil este dispositivo?

Cierto es que en los últimos años la tecnología está evolucionando de una forma bestial y que cada vez se inventan dispositivos electrónicos más fuertes y sorprendentes. Estos inventos crean una necesidad irrenunciable en los ávidos consumidores. El avance de la tecnología está adelantando a la capacidad de adaptación de la sociedad a estas nuevas mejoras, lo que empieza a no ser bueno.

Consumismo a mansalva

Cuando te has comprado un ordenador o un móvil nuevo, a los pocos meses ya sale a la venta otro que es todavía mejor. Los nuevos lanzamientos hacen que nos sintamos en la necesidad de deshacernos de nuestro «anticuado» terminal e ir inmediatamente a adquirir esa nueva versión. Y así sucesivamente.

Vivimos en una sociedad altamente consumista que siempre está presta y dispuesta para adquirir las últimas novedades en tecnología. En los centros comerciales se forman largas colas para comprar el último iPhone o el mejor smartwatch del mercado. Algo totalmente irracional que deja bien a las claras que el capitalismo está más que arraigado en la sociedad. Especialmente en la occidental.

Queremos tener todo lo bueno y, de lo bueno, lo mejor. Y, por supuesto, mucho antes que nuestro mejor amigo o el vecino de al lado. El ser los primeros en tener algo nos hace sentir una superioridad que nos da una felicidad momentánea. Tener el móvil o la tablet de moda nos hace parecer irresistibles para la sociedad. Como si gracias a ello pudiéramos atraer magnéticamente a algunas personas y encontrar así a nuestra media naranja.

No somos capaces de subsistir con lo que ya tenemos mientras funcione y cumpla con su cometido. Somos capaces de deshacernos de terminales absolutamente nuevos solo porque hay salido uno más caro y con más pijadas inservibles. Así es la sociedad. Lo queremos todo y lo queremos ya. No nos vale con algo que nos haga papel y con lo que podamos funcionar. Buscamos algo que no tenga parangón con nada visto con anterioridad en el mundo de la electrónica y la tecnología.

Necesidades creadas

Necesitamos que las grandes compañías estén sorprendiéndonos casi diariamente para sentirnos especiales. Pensamos que vienen a salvarnos la vida y suplir esas carencias que hasta ahora tenían nuestras insignificantes vidas. Nada más lejos de la realidad. No tenemos ninguna carencia. Simplemente un deseo irrefrenable de consumir y gastar los pocos ahorros que tenemos. Se los damos a ellos como Mesías que creemos que son.

Hemos de entender que no somos tan especiales como para eso. No cabe duda de que las grandes compañías realizan un trabajo brutal para renovar todos sus productos en un espacio muy corto de tiempo. Pero lo hacen porque quieren nuestro dinero, no nuestra felicidad ni mucho menos nuestro bienestar. Una vez se han hecho con nuestros billetes, lo que pase con nuestras insignificantes vidas les importa más bien poco. Hasta que se inventó el teléfono móvil no habíamos pensado que necesitáramos uno. Y así con todo.

Consumir está bien y es necesario, pero debemos hacerlo con moderación. Sabiendo que de verdad necesitamos aquello por lo que estamos pagando. Una televisión que se dobla es totalmente prescindible. Están bien las pantallas planas y las smart TV, pero que puedas plegar la pantalla ya es rizar el rizo por rizarlo. La compañías deberían empezar a pensar en qué necesita la gente realmente. No es necesario inventar cada semana productos que no hacen otra cosa más que alimentar el ansia capitalista.

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