martes 6 diciembre 2022

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Primer aniversario del derrumbe en un edificio de Peñíscola

El 25 de agosto de 2021 un edificio de la urbanización de Font Nova, en la localidad castellonense de Peñíscola, se derrumbó. A causa de ello fallecieron una mujer de 54 años y un niño de 14. El suceso supuso el abandono de sus viviendas por parte de 300 vecinos del edificio, que tenía 30 años de antigüedad.

La causa del derrumbe podría ser un muro de carga que cedió, aunque no hay nada oficial. La localidad del Baix Maestrat ha guardado en el día de hoy un minuto de silencio en recuerdo a las dos víctimas mortales. Tras la concentración el alcalde, Andrés Martínez ha puesto en valor el trabajo de las instituciones políticas y sanitarias durante el suceso.

Conmoción en la provincia

El suceso supuso una gran conmoción para toda la provincia de Castellón en pleno verano. Una de las localidades más bonitas y turísticas sufría un duro revés en plena temporada estival. Todos los medios informativos se volcaron con la noticia y todos los vecinos estaban dispuestos a ayudar en las labores de desescombro y búsqueda de los desaparecidos. Peñíscola se paralizó ante un suceso que dejó a todos sus vecinos con la boca abierta.

Nadie podía esperar que, después de un verano prácticamente nulo como el de 2020, al verano siguiente ocurriera en la localidad una desgracia así. La temporada estival del año anterior estuvo marcada por la pandemia del covid. Las reservas hoteleras habían caído en picado y la afluencia de visitantes a Peñíscola no fue la de años anteriores. La localidad estaba hambrienta de buenas noticias, pero estas no llegaban. Al contrario.

Cuando querían empezar a levantar cabeza después de un año durísimo se encontraron con el fallecimiento de dos de sus vecinos. La tragedia sobrevolaba Peñíscola y la provincia de Castellón. Muchos habitantes de la cocina como «ciudad en el mar» se preguntaban qué habían hecho para que el destino los castigase de esa forma. Por suerte, había a su disposición un magnífico grupo de psicólogos que les ayudó en todo lo que necesitaron.

Tras tragedias como la sucedida en la urbanización de Font Nova es normal que los vecinos se sientan temerosos  de volver a sus hogares. Algunos de los edificios colindantes fueron desalojados y sus ocupantes tenían pánico a regresar por si la estructura también acababa viniéndose abajo. La sugestión y el pánico son malos aliados en este tipo de situaciones. No cabe duda que a los habitantes de Peñíscola les costó conciliar el sueño aquella noche.

Calma y serenidad en la tormenta

La serenidad es nuestra mejor arma ante estas situaciones. Aunque es muy difícil recurrir a ella, ya que estamos en shock y paralizados por el miedo. Esto es totalmente comprensible. Nadie es una roca que pueda soportar cualquier tipo de golpe del destino. Somos personas, con sentimientos y vulnerabilidades. Además, sentimos, padecemos y sufrimos por todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Somos humanos, vaya. Una rara especie que parece estar extinguiéndose, ya que los sentimiento y necesidades de las personas parecen importar bien poco. Hay situaciones en las que se puede llegar a tratar a una persona que está sufriendo de una forma bastante fría. Un ejemplo es el médico. Cuando un doctor tiene que dar un mala noticia relacionada con la salud lo ha hace directamente, sin ambages.

En ese momento el afectado y su familia quedan en estado de shock ante una revelación que no esperaban y que puede que cambie su vida para siempre. Quiero pensar que lo hacen como una forma de protegerse a sí mismos de los sentimientos que les provocan tener que dar este tipo de diagnósticos. En Peñíscola pasó algo parecido. Ojalá pronto la zona de la urbanización recupere su brillo.

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