martes 6 diciembre 2022

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La prevención del suicidio y la salud mental, la asignatura pendiente

Si tenemos una asignatura pendiente en este país esa es sin duda la prevención del suicidio y la salud mental. En una era en la que el estrés y la ansiedad son una verdadera pandemia, se antoja más necesario que nunca trabajar sobre esta cuestión. Los jóvenes son en la actualidad las personas más vulnerables en este campo. La nueva generación día tras día ve en las noticias de televisión como el futuro no se vislumbra para nada halagüeño. Conseguir sus objetivos personales y profesionales va a suponer transitar un camino muy tortuoso.

Los jóvenes vienen de una pandemia en la que han pasado dos años de su adolescencia sin poder disfrutarla como se debe debido a las restricciones. Cuando parecía que ya la pandemia empezaba a ser cosa del pasado comenzó la horrenda guerra en Ucrania, de la que ya se han cumplido seis meses. Este conflicto ha llegado con su consecuente subida de la energía, de la gasolina y de los precios en general. «El invierno va a ser muy duro», han avisado ya desde el gobierno en lo relativo a la energía. Ahora el verano ha pasado encadenando una ola de calor tras otra. Las altas temperaturas están provocando una sequia que amenaza el normal consumo de un bien tan preciado y necesario como el agua.

Un futuro nada bueno

Esta nueva generación no deja de ver como la actualidad y la realidad del día se empeña en decirles que no van a vivir en buenas condiciones. Todo indica que su bienestar será netamente inferior al de sus padres o al de sus abuelos. Esto crea una gran inquietud y preocupación en todos ellos. Se ven impotentes y la situación les supera. Ellos quieren adelante y tener un buen futuro, pero no dejan de encontrarse trabas en el camino.

Salarios mínimos, condiciones de trabajo abusivas, alquileres e hipotecas por las nubes hacen que muchos de nuestros jóvenes quieran rendirse. Ya no se ven con fuerzas para continuar luchando. Ven que hagan lo que hagan no van a conseguir aquello que se proponen. Quieren acabar con todo y ven en el suicidio un buen modo de hacerlo. Como se ven algo insignificante, no piden ayuda ante sus problemas y sufren en silencio.

Escriben cartas lacrimógenas a sus padres en las que, tras haber cometido suicidio, les informan de su decisión de acabar con su vida. Quieren dejar de sufrir y de estar en un mundo que consideran que no les acepta en lo absoluto. Creen que su vida no vale nada para la sociedad y que solo son un lastre. Estos son pensamientos horribles que no son ciertos y que no deberían de tener. Algo espantoso.

Ayuda profesional

Sus padres, a los que las obligaciones de la vida adulta les empiezan a superar, no tienen todo el tiempo que les gustaría para estar pendientes de él. Esto lleva al joven a pensar que ni siquiera a sus padres les importa lo que le ocurra. Lo que le reafirma en su decisión de marcharse para siempre. Debemos frenar estos hábitos y conseguir que nuestros jóvenes sean fuertes y sanos emocionalmente.

Para ello, es necesario que se abran y sean capaz de contar qué les ocurre, para poder buscar ayuda profesional y superar la situación. No están solos y deben de saberlo.

Todo esto conduce a que la situación mental y emocional de una gran mayoría de personas sea altamente inestable y necesiten terapia. Tratamiento el cual no todo el mundo puede permitirse económicamente. La prevención es el único camino posible. Si estás en un mal momento y las tendencias suicidas te invaden, no lo dudes, llama al 024.

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