martes 6 diciembre 2022

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Aún quedan días de verano

Estamos ya a 1 de septiembre, día que para muchas personas marca el final oficioso del verano y es sinónimo de principio de año o de curso. Hay una famosa canción del grupo zaragozano Amaral que asegura que «no quedan días de verano». Un mantra que algunas personas comienzan a repetir una vez sobrepasamos la barrera del 15 de agosto.

Pero esta parece una percepción un tanto pesimista, ya que todavía estamos oficialmente en la estación estival. Además, el tiempo sigue acompañando para que los fines de semana podamos disfrutar de la playa o de la piscina. Aunque hayamos vuelto a la rutina laboral y cotidiana nada nos impide disfrutar de actividades típicamente veraniegas en nuestro tiempo de ocio.

Desconexión en el mar

Desconectar y darnos un relajante baño en la piscina o el mar es algo que sin duda tanto nuestro cuerpo como nuestra mente agradecerán. Después de las vacaciones siempre nos sentimos un poco fuera de órbita al volver al trabajo debido a la inactividad. Por lo que se antoja más que necesario despejar la cabeza al salir de la oficina del estrés y de los problemas laborales que puedan ir surgiendo.

Es muy importante dedicarnos tiempo a nosotros mismos y cuidarnos, por lo que pensar que ya el verano se ha acabado y guardar los bikinis y los bañadores hasta el próximo mes de junio es una muy mala idea. Disfrutemos del buen tiempo que casi seguro va a acompañarnos hasta bien entrado el mes de octubre. Alarguemos el verano lo más que podamos. Terraceemos, salgamos a cenar, a hacer un picnic o una merienda en un parque…

Disfrutemos de la vida y del buen tiempo. El climático y el de calidad que pasamos junto a nuestros amigos y familiares. Seamos siempre conscientes de todo lo bueno que estamos viviendo y agradezcámoslo. Vida sólo hay una y esta es la nuestra. Diseñémosla a nuestro gusto y simplemente sintamos el momento. Ese momento mágico que nos transporta a un lugar donde nada más importa, sólo nosotros y las personas que nos rodean. Ese debe ser nuestro momento zen que enmarcaremos en nuestra memoria para siempre.

Melancolía y buenos recuerdos

El final del verano sólo trae tristeza y es por ello que nadie quiere pensar en él. A todos nos gustaría que el verano pudiera durar para siempre. Una fiesta eterna en la que estar de planazo en planazo y tiro porque me toca. Tristemente, la vida adulta no es así. La llegada de septiembre nos hace ver que tenemos obligaciones que atender y que poco importa lo que queremos hacer. Hay siempre que cumplir, estar al pie del cañón y no desfallecer ante los obstáculos de la vida, que siempre son infinitos.

Debemos afrontar este inicio de curso tachando desde ya días del calendario. Para sobrellevarlo mejor, hemos de pensar que ya queda menos para el próximo verano. Eso nos motivará para dar lo mejor de nosotros mismos estos meses invernales que tanto requieren de nuestro esfuerzo y concentración. La vuelta a la rutina es dura, pero hemos de saber capearla y hacerla lo más agradable posible. Por ejemplo, démonos un gustazo cada vez que en el día hayamos conseguido tachar todo lo que tenemos que hacer.

Ese es el secreto para disfrutar al máximo de nuestra vida y de la libertad. Cualquier plan es bueno para que el verano dure lo que nosotros queramos. Pensemos en nosotros y en disfrutar a tope cada segundo que nos regala la vida junto a nuestra familia y los amigos. Ellos deben ser esas personas junto a quienes pasar tiempo de calidad en un verano eterno. El tiempo perdido no vuelve y no se recupera.

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